Artritis en perros y gatos
Artritis es un término general que se utiliza para referirse a cualquier tipo de inflamación en una o más articulaciones. Si bien existen muchas causas posibles de artritis (como artritis bacteriana o séptica; inmunomediada; degenerativa; traumática; etc.), el tipo más comúnmente conocido es la osteoartritis (OA) o enfermedad articular degenerativa (EAD). La EAD u osteoartritis (OA) es un problema extremadamente común en perros y gatos, así como en humanos, y representa el daño al cartílago y al hueso circundante asociado con la edad.
La artrosis (o desgaste de las articulaciones) ocurre cuando una articulación se usa mucho o sufre golpes repetidos. Aunque envejecer es una causa importante (porque con los años se acumulan más daños), hay otras cosas que también influyen bastante. Por ejemplo, el sobrepeso (que es una de las causas más comunes), golpes o infecciones anteriores en la articulación, problemas en los ligamentos o tendones, y el estilo de vida del animal. También hay animales que son genéticamente más propensos. El desgaste de los discos entre las vértebras (una forma de artrosis) es muy común en todas las especies, y casi todos los animales viejitos tienen algún signo de artritis.
La artrosis puede presentarse de diversas maneras según el animal. Los signos clásicos incluyen cojera, dolor al mover las articulaciones o manipular las extremidades, y dificultad para levantarse después de estar acostado. Otros signos posibles pueden incluir cambios en el comportamiento, resentimiento al ser tocado, ocultamiento o menor amabilidad, y una alteración de los niveles normales de actividad. Muchos de estos signos se superponen significativamente con otras afecciones, como enfermedades de la columna vertebral, afecciones inmunomediadas u otras enfermedades sistémicas; por lo tanto, es importante no descartar las preocupaciones como "solo artritis" y que cualquier animal que muestre signos de dolor o malestar sea evaluado por un veterinario. El diagnóstico de artritis se basa en la exclusión de otras afecciones, la exploración física y una historia clínica detallada. Recuerda que la mayoría de los animales ocultan los signos de la enfermedad hasta que esta está avanzada, por lo que un perro o gato que muestre signos de artritis probablemente se sienta bastante incómodo.
El manejo de la artritis puede implicar aspectos tanto del tratamiento como de la prevención, a menudo combinados. Las terapias para ayudar a retrasar la progresión de la artritis incluyen ejercicio regular de bajo impacto (como caminar o nadar), fisioterapia y el uso de suplementos nutricionales como ácidos grasos, glucosamina, condroitina y otros. Los fármacos inyectables que protegen el cartílago, como los glicosaminoglicanos, también pueden aliviar el dolor. La mayor evidencia respalda el uso de ácidos grasos omega-3, por lo que estos deberían ser un componente de cualquier estrategia de manejo. Otras terapias, como el masaje, la acupuntura, la terapia láser y otras modalidades alternativas, tienen beneficios potenciales, aunque la evidencia de su uso es menos sólida. Es poco probable que sean perjudiciales en la mayoría de los casos y pueden constituir la base de un plan de manejo integral. Asegúrate de que cualquier persona que atienda la artritis de un perro o gato sea un veterinario. Los humanos y los animales tienen una anatomía y fisiología muy diferentes, y las terapias para humanos pueden ser perjudiciales para perros y gatos.
Las opciones médicas para la artritis son muy diversas. Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) son los tratamientos más utilizados y eficaces, ya que reducen la inflamación y tratan el dolor. Se deben utilizar AINES de uso veterinario para garantizar la seguridad de los animales. Otras opciones para el control del dolor incluyen gabapentina/pregabalina y amantadina (analgésicos, pero no reducen la inflamación), acetaminofén (en dosis prudentes en los pacientes adecuados) y, en algunos casos, opioides. El tramadol es eficaz en gatos para controlar el dolor, pero su eficacia en perros es limitada y no es la opción preferida. Medicamentos más recientes, como frunevetmab y bedinvetmab, son anticuerpos monoclonales que se administran mediante inyecciones mensuales para el dolor.
Es fundamental tener en cuenta que muchos medicamentos para humanos contra la artritis no son seguros en pacientes veterinarios. En particular, los AINE comercializados para humanos, como el ibuprofeno y el naproxeno (y el acetaminofén en gatos), son extremadamente tóxicos y nunca deben administrarse. La aspirina es menos tóxica, pero es un analgésico deficiente y a menudo causa sangrado intestinal. En general, los animales con artritis pueden tener un buen pronóstico si se tratan adecuadamente. Si bien esta enfermedad puede afectar significativamente la calidad de vida y ser un factor determinante para tomar decisiones sobre el final de la vida, esto puede mitigarse mediante un manejo multimodal temprano e intensivo que incluya rehabilitación, condroprotección y diversas estrategias para el manejo del dolor.
-Asociación de Médicos Veterinarios de Canadá (CVMA)

